sexta-feira, 28 de dezembro de 2012

Estados Unidos y el crack fiscal


por Leandro Morgenfeld // DiarioRegistrado

Estados Unidos sigue siendo la principal economía mundial. Su PBI anual supera los 15 billones de dólares y duplica al de China, la segunda. Sin embargo, el creciente y persistente déficit gemelo (fiscal y comercial) abre un gran signo de interrogación en el futuro inmediato. Hace años que Estados Unidos financia su sobre-consumo empapelando al mundo con dólares y bonos del Tesoro. Sostiene altísimos niveles de consumo porque traslada al resto del mundo sus desequilibrios. Buena parte de las exportaciones chinas y europeas se dirigen hacia Estados Unidos, lo cual muestra el nivel de interrelación de las principales potencias. China es el principal acreedor de Estados Unidos. Y Europa y Japón delegan en Estados Unidos el rol de gendarme planetario, lo que explica, en parte, que el presupuesto militar estadounidense sea similar al de todos los demás países del mundo sumados. Pero la gran pregunta es si los desequilibrios económicos estadounidense van a poder seguir trasladándose al resto del mundo. Por primera vez en la historia, la deuda pública de Estados Unidos es superior a su PBI. Cada familia "tipo" debe 200.000 dólares.

En pocos días, como en agosto de 2011, la Casa Blanca y el Capitolio deberán pasar una prueba de fuego: o se ponen de acuerdo en cómo disminuir el déficit público, o se dispara lo que se conoce como el "abismo fiscal", una serie de aumentos de impuestos y reducción de gastos públicos que se aplicarán automáticamente desde el 1 de enero. De ocurrir esto, podría contraerse el PBI en más de 3 puntos, lo que implicaría que Estados Unidos volvería a caer en recesión, arrastrando a una Europa que no logra recuperarse de la crisis mundial iniciada en 2008. Y estas previsiones no provienen de análisis catastrofistas, sino del propio FMI y la Oficina del Presupuesto del Capitolio. Por estas horas, se suceden en Washington febriles reuniones para alcanzar un acuerdo entre el Partido Demócrata (controla el Senado) y el Republicano (tiene mayoría en la Cámara de Representantes).

La principal puja entre demócratas y republicanos es quién debe pagar más impuestos. Obama sostenía que todo aquel con ingresos anuales superiores a 200.000 (o 250.000 para el caso de las familias). Los republicanos, en cambio, pretendían que las exenciones impositivas impuestas por Bush se mantuvieran, y que sólo los que ganan más de un millón de dólares anuales pagaran más. Las negociaciones a contrarreloj buscan algún intermedio. La mayoría de los analistas sostiene que se llegará a un acuerdo horas antes del deadline. Otros, en cambio, pronostican que el acuerdo bipartidista recién se alcanzará en enero o febrero, con lo cual los recortes y aumentos de impuestos automáticos se aplicarán durante algunas semanas. Los más optimistas, quienes relativizan la supuesta catástrofe que implicaría el "precipicio fiscal", sostienen que los ajustes pueden anularse retroactivamente, con lo cual no tendrían mayor efecto. Lo difícil es prever el alcance real que tendrían estos recortes, en una economía que no logra despegar, y con un altísimo desempleo, que según las cifras oficiales afecta a más de 13 millones de personas.

Se llegue o no a un acuerdo que evite el "abismo fiscal", los desequilibrios persistirán, lo cual es una manifestación de las limitaciones de la economía estadounidense, en declive relativo. Ya en el verano boreal de 2011, el mundo contuvo el aliento esperando un acuerdo entre demócratas y republicanos que evitara el default estadounidense. Finalmente, se llegó a una solución provisoria, que permitió incrementar el nivel de endeudamiento y déficit hasta diciembre de 2012, fecha en la que debe establecerse un plan para reducir el déficit. Como no se está logrando este acuerdo, lo más probable es que se llegue a nuevas soluciones temporales, para evitar una brusca recesión. Se estará lejos del gran acuerdo que deseaba Obama. Será sólo un parche más y en pocos meses volverá la incertidumbre. El gran interrogantes es hasta cuándo los demás países sostendrán el señoreaje del dólar. Hasta cuándo seguirán comprando bonos del Tesoro de Estados Unidos y manteniendo sus reservas en dólares. Esto es: hasta cuándo seguirá el resto del mundo financiando el sobreconsumo estadounidense. Parte de esta respuesta dependerá de cómo se enfrente el abismo fiscal en estos días.

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